Una pelea imposible

En una de mis recaídas, me encontraba entre dos pacientes muy delicados: uno peor que yo y el otro mejor. El primero estaba completamente enyesado y vendado; el segundo, esposado a su cama, aparentemente por haber intentado escapar… o al menos eso imaginé yo. En medio de la noche, no sé bien por qué, me despertaron los gritos de ambos mientras discutían y se insultaban ferozmente. Con la cabeza latiendo de dolor, les pedí que se callaran. No se me ocurrió mejor idea que decirles, con ironía, que resolvieran sus diferencias en un duelo. El paciente en peor estado respondió que en cuanto pudiera moverse se encargaría del otro. El esposado, frustrado por no poder soltarse, intentó desengancharse de la cama de mil maneras. Al no lograrlo, agarró una manzana y, sobrevolando mi cama, logró que golpeara la cara de mi otro compañero. Yo no sabía si concentrarme en mis propios dolores, insultarlos por agravar mi dolor de cabeza, o simplemente reírme de aquella escena surrealista, cosa que finalmente hice en silencio.

LA MANO DE UN ESCRITOR CRISTIANO


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