En la ciudad de Hvar, cuando trabajaba de cocinero y soñaba futuros frente al Adriático.
Del libro “Trotamundos poéticos”.
Cuando sea el momento en que me vaya
sé que serán ellas, las gráciles gaviotas,
las que me invitarán al vuelo que me lleve
allá donde sólo lo verdadero importa.
No querré, por ello, nada de lamentos
ni lágrimas dignas por mí desperdiciadas,
si está claro que ya hemos reído sabiendo
el reencuentro de vida y muerte entrecruzadas.
Mientras mis gaviotas me esperen
leeré los mares y escribiré las nubes,
para que al volar haya dejado, nomás,
los sinceros y bellos amores que yo tuve.
Tin Bojanic
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