La maja
quiebra las caderas
bajo la luna del baño
mientras enjuga esos besos
que decidió no darme.
Pero sé que luego vendrá
a refugiarse conmigo
bajo el mismo edredón de mar
que, si es con ella,
no me hace sentir la soledad.
Y mañana el sol de afuera
me quitará la luz de mi interior,
la de sus ojos lavándome
como bayetas españolas
las heridas del corazón.
Dublin
Tin Bojanic
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