Muerte de perros

Finalizar√© mi relato compartiendo la angustia del adi√≥s. Como todo animal sabio, puedo sentir la proximidad de la muerte. Sucede que lo m√°s terrible es que para m√≠ todo termina. ¬°Qu√© distinto hubiese sido haber conocido la historia de un Dios hecho perro que haya venido a la Tierra a darnos su vida y el mensaje de la resurrecci√≥n! Pero no, nadie ha venido seg√ļn tengo entendido. Si fuera hombre, ¬°con qu√© √°nimo distinto enfrentar√≠a a la muerte, sabiendo que despu√©s de ella est√° la vida eterna y el para√≠so! Pero claro, el hombre aqu√≠ no vive en ning√ļn para√≠so, rodeado de tantas injusticias sue√Īa con el del m√°s all√° donde no las hay. 

Lo distinguible entre los perros es que si tu amigo humano te quiere, y además es un poeta, el paraíso no está muy lejos ni después de la muerte, sino que se habrá vivido detrás de su puerta… 

Fragmento de SECRETOS DE LA PERCEPCI√ďN

El tiempo de toda naturaleza

Nos miramos por un tiempo que no llegué a medir. Emocionados por habernos descubierto contemplamos en el otro un espejo mágico de alegría.

Libertario ‚Äď Dejame guiarte. Mis refugios arb√≥reos pueden darte lo que busc√°s.

Yo – ¬ŅY qu√© hay de vos? ¬ŅNo llegaste a hablar con Jorge Luis cuando estuvo aqu√≠?

Libertario ‚Äď Quiz√° mi aspecto gris√°ceo confunda mi apariencia y lo mal interpretes como canas de cabello de hombre, pero a√ļn soy muy joven.

Yo ‚Äď No quise ofenderte…

Libertario ‚Äď No te preocup√©s, el paso del tiempo es certero. Mis padres siempre me recordaron una frase de quien busc√°s que reza: ‚ÄúEl tiempo est√° vivi√©ndome‚ÄĚ.

Yo ‚Äď Nada escapa al tiempo. Ning√ļn poder logr√≥ detenerlo. 

Libertario ‚Äď Para las aves el tiempo es m√°s importante que ‚Äúesa desconocida y ansiosa y breve cosa que es la vida‚ÄĚ. Nuestra capacidad de volar nos hace sentir ya parte del Cielo. Por ello nos preocupa m√°s de qu√© manera vivir este parpadeo existencial en este universo. ‚ÄúS√≥lo perdurar√°n en el tiempo las cosas que no fueron del tiempo‚ÄĚ.

Yo ‚Äď Estoy a tus √≥rdenes amigo m√≠o.

Le sonreí y él inició de nuevo sus piruetas aéreas, confirmando que ésa era su agotadora forma de sonreír. No parecía extenuarse y, cuando volvió a posarse en mi hombro, no lo hizo para descansar sino para que yo no intentase con mis torpes brazos imitarlo.

Volví a caminar y Libertario me pidió que descendiese a la calle; porque si continuábamos por la vereda no iba a poder evitar detenerse a saludar en todos los árboles a sus amigos.

Continuamos el recorrido por el empedrado de Malvinas, cruzando la segunda intersección de Cosmos hasta llegar a la calle Avellaneda (o Poética). En esa esquina saltó de mi hombro lanzándose en picada y aterrizó en uno de los adoquines de la calle. Con su cabeza me indicaba que me acercara a donde él caminaba en círculos delimitando una sorpresa.

Me arrodill√©, apoyando mis manos en el empedrado, y acerqu√© mi vista a ese lugar que mi compa√Īero se√Īalaba. Encontr√© escrito: ‚ÄúHe dicho asombroso donde otros dicen costumbre‚ÄĚ.

Gobierno de perros

Estoy muy cansada de escuchar que cuando alguien hace mal las cosas le dicen perro, insultándolo. Una vez, en una discusión política de amigos de mi poeta, uno de ellos sentenció que los que gobernaban eran unos perros, y que esa era la causa de los problemas del país. ¡Así que la corrupción es doctrina nuestra! ¡Soberbios erguidos!

         Las leyes, entre los perros, son muy diferentes a las de los hombres. En esencia, partimos de una base igualitaria donde ninguno de nosotros est√° por encima de nadie. Todos nosotros somos perros y basta con ladrar el nombre con el que nuestros amigos humanos nos han bautizado para establecer una m√≠nima particularidad. No ocultar√© que muchos de nosotros desconocen el afecto de una familia humana y deben deambular por las calles. Pero sucede que esto no se debe a nuestra indiferencia; si fuera por nosotros, repartir√≠amos nuestra comida, pero esa decisi√≥n no nos pertenece y si hici√©ramos eso terminar√≠amos todos en la calle (por decisi√≥n de los hombres). De todas maneras, jam√°s escuch√© a un perro criticar resentido la suerte de otro, ¬Ņusted s√≠?

         Tampoco vamos a idealizar nuestra comunidad porque en ella, como en todas, hay individuos inadaptados. Algunos no entienden que los dientes son para masticar la comida y no para morder a la gente; aunque lo mismo sucede con los humanos y en peor medida, ya que utilizan sus manos mayor cantidad de veces para matar que para crear. 

         Profundizando en el concepto de gobierno de perros, vamos a suponer que quien gobernase fuera un perro, ¬Ņcreen que acumular√≠a la carne que hay en grandes frigor√≠ficos custodiados para su propio provecho, o es m√°s acorde la imagen del perro satisfecho dejando los restos para quien sea, y√©ndose a dormir la siesta? ¬ŅCreen que habr√≠a perros conquistando plazas con muertes impidiendo que otros jugasen en ellas, o es m√°s cre√≠ble imaginar jaur√≠as enteras compartiendo los espacios? ¬ŅCreen que matar√≠amos y vivir√≠amos para el oro, o es m√°s factible que luego de morderlo un instante y encontrar que no tiene sabor a nada, lo abandon√°ramos para siempre?

         No tengan dudas, los perros tenemos preocupaciones mucho m√°s importantes como lo son el juego, el compartir, el ladrar, el festejar, y la m√°s importante de todas (les aseguro que no la aprendimos de los humanos), agradecer. No hay nada m√°s agradecido que un perro querido. 

Fragmento del libro Secretos de la percepción (2003)

Tierras de Adrogué

Ca√≠a el atardecer 

como un vestido rom√°ntico 

que la luna, al sur, luce por las noches. 

El √°rbol viejo ya no molestaba a sus fuerzas 

y dejaba libres las largas ramas 

rendido al susurro jovial del viento. 

Una casa antigua 

sufr√≠a sus paredes 

con la energ√≠a del desahuciado. 

All√≠ mis manos intentaban pintar la escena 

nostálgica de un presente que ya olía profundo

a recuerdo inconsciente del alma de la infancia. 

Mis dibujos eran letras asesinas 

que asediaban un papel indefenso 

absurdamente crueles y fant√°sticas y coquetas. 

El tiempo era futuro 

y el pasado, todav√≠a 

no hab√≠a llegado. 

Mis primeras envidias 

fueron esos p√°jaros que burlaban 

mis lágrimas atraídas por el suelo.

La impotencia de no querer aceptar 

que yo no ten√≠a alas 

y evadir as√≠ ese cruel duelo. 

Venciendo el temor de las limitaciones 

extendí mis letras, y así volé

aleteando las primeras poes√≠as. 

En ese ayer resign√© mi desconsuelo 

y reci√©n hoy comprendo la belleza 

de liberar mis voces desde un peque√Īo jard√≠n‚Ķ 

‚Ķque ha sido mi vida, vocaci√≥n y sue√Īo‚Ķ

Libro Secretos de la percepción

Adentrándose (Adrogué)

Nac√≠ en las Tierras de Adrogu√©, un pueblo a veinte kil√≥metros al sur de la Reina del Plata, donde la mayor√≠a de sus habitantes tienen ra√≠ces, troncos, ramas, hojas. Ah√≠ crec√≠, y durante veintid√≥s a√Īos viv√≠ sin mirarle con demasiado afecto, sintiendo una profunda atribuci√≥n al azar mi aparici√≥n bajo sus aires. No lograba maravillarme el entorno y por ello negu√© el destino recorriendo sobre rieles, pidiendo con insistencia, que Ciudad Porte√Īa me dejase acortar la distancia entre mi desconcierto y sus grandes emociones.Como es natural en el hombre, a lo que ya se tiene se le conoce el efecto que produce, y lo que a√ļn no se tiene alimenta el deseo de tenerlo, por imaginar un efecto tan sorprendente como desconocido. En cuanto a objetos materiales ese deseo es mediocre, aunque si responde a otra naturaleza que deleitar√° nuevas emociones surge necesario y verdadero.Siempre envidi√© a la gente que vive cerca del mar o la monta√Īa; porque la fuerza viva del agua o la contemplaci√≥n desde la altura nunca puede llegar a confundirse con la costumbre. Estoy seguro que, de mudarme a dichos lugares, jam√°s dejar√≠a de maravillarme con los fant√°sticos paisajes cinematogr√°ficos que all√≠ se encuentran.As√≠ reflexionaba en la Ciudad de Mar del Plata, un verano estent√≥reo, mientras conversaba con el mar. Con los pies en desierto y salados los labios, le√≠a de manera provechosa los escritos de Borges. Mientras me fascinaba con la brisa marina, √©l me hablaba de Adrogu√©. Hall√© de ese modo una grieta cruel en mis ansias de alejarme de mi pueblo, por la cual se filtraba una acuciante duda; ¬Ņhab√≠a un enga√Īo o la culpa la ten√≠a mi proyecci√≥n tan alta y ambiciosa que no me permiti√≥ ver mi alrededor m√°s pr√≥ximo? En cuanto a lugares se trataba, uno de los dos, estaba desubicado.Algo hab√≠a escapado a mi observaci√≥n y el pueblo que yo ignoraba deb√≠a tener el suficiente atractivo como para que un hombre de esp√≠ritu tan curioso e inquisidor liberara sus pensamientos. Donde yo no hab√≠a visto nada particular otro s√≠ lo hab√≠a hecho. Representaba de ese modo el mismo papel que esa gente del mar o la monta√Īa que yo consideraba no disfrutaban de su escenario como yo lo har√≠a de ser ellos. A la vez que miraba hacia fuera, otros pod√≠an estar mir√°ndome a m√≠, form√°ndose entonces un c√≠rculo vicioso donde siguiendo una relaci√≥n de causa y efecto, yo terminar√≠a envidiando lo que ya tengo.Entonces regres√© y quise conocer el misterio de esos √°rboles silenciosos que jam√°s me hab√≠an hablado a m√≠ pero s√≠ lo hab√≠an hecho con aqu√©l escritor visitante que les recit√≥ poes√≠a, como quien intenta agradecer la belleza recibida‚ĶQueriendo sentir la misma percepci√≥n que sintiera Jorge Luis, decid√≠ caminar entre los √°rboles de las Tierras de Adrogu√© buscando cu√°les de ellos hablaron con √©l; present√°ndome tard√≠amente ante tan humildes y maravillosos estandartes de la naturaleza que, sab√≠a, guardaban celosos secretos no s√≥lo para m√≠.

Tierras de Adrogué, 2001

Fragmento del libro Secretos de la percepción