Lunea

A Miguel de Cervantes Saavedra

Tiene algo de luna 

y se le parece tanto a Dulcinea

que sería mejor que Miguel la viera

para describir con precisión su inigualable preciosura.

Si alguien como yo sintiera su frescura

se vería envuelto en el siguiente dilema,

amarla hasta morir o impedir que se nos muera,

recién entonces comprenderían mi apasionada locura.

No hay mujer que posea su ternura

ni ha nacido ni vendrá al mundo otra semejante

porque Dios crea una estrella tan brillante

sólo una vez, cuando decide despojarse de mesura. 

Enamorarse es la aventura

más romántica que la vida tienta

convirtiéndose en la razón y causa para que no mienta

que querré su nombre como epitafio en mi sepultura.

Tiene algo de luna

y se le parece tanto a Dulcinea

que tiene por nombre Lunea

y por amante un soñador abrazado a su cintura.

Rehenes del tiempo

¿Dónde estás amor de mi vida que no te puedo encontrar?, dónde se encuentra mi vida sería lo mismo preguntar. Aunque parezca tenerlo todo te aseguro no tener nada cuando me siento solo y mi vida abandonada. Si existiera una mujer que realmente amara no lo estético de mi ser sino el interior de la fachada, finalmente mi alma angustiada sentiría florecer como un ave liberada.

La mujer que yo buscaba debía coincidir en tiempo y espacio con mis circunstancias. ¿Debía ir a buscarla o mejor sería esperarla? Después de tantas mujeres que pasaron por mi vida esta noche entiendo que ninguna ha sido hecha a mi medida. Quién sabe cuántas más me esperan en la esquina simulando ser aquella tantas veces prometida. Ya no sé si iré a buscarla con el sol de la mañana, puede que sea aún mejor dejar pasar los días solo en mi cama. Después de tantas mujeres que pasaron por mi vida terminaré creyendo que todas no son más que sombras de mi preferida.

Así es como entonces sin llamarla dejaré abiertas las puertas heridas de mi corazón y castillo, que son cosa parecida, para esperar que venga sola la mujer de mi vida.

Y golpearon la puerta…

LUNEA