“Una sociedad será más exitosa, si en lugar de sólo castigar al hombre que contraria sus leyes, premiara al que se excediera en sus obligaciones. En el modelo de castigos bastará con mantenerse dentro de la ley, corriendo el riesgo de la mediocridad; en el caso de premios alentará conductas extraordinarias, incentivando así a la excelencia”.

(Fragmento de Gloria)

Adentrándose (Gloria)

Seguramente la corrupción es un mal que habita los pobres corazones desde siempre. Esto es lo mismo que decir que en todas las épocas existieron hombres dañinos. Pero algo ha empeorado, porque hemos perdido el equilibrio. Hace mucho tiempo que no aparecen hombres que luchen por imponer el modelo de la honestidad y del sacrificio para que no todo sea negativo. Habrá que invocar a las necesarias almas brillantes para que iluminen en la oscuridad. 

Este agotamiento de vivir en decadencia, con la experiencia de varios sistemas fracasados por los hombres y otro tanto por las mismas teorías, las cuales pocas veces han podido verse implementadas con pureza. 

Esta tristeza por ver la muerte constante que aniquila a la gente más desprotegida. Esta cruel falta de imaginación y de sueño comprometido que busque el cambio me ha llevado, como poeta, a desarrollar determinadas ideas que podrían inspirar, por fortuna, un debate. Algunas de las ideas podrán estar circunscriptas con precisión a La Argentina, otras podrían acomodarse quizá a toda Latinoamérica y, las más afortunadas conceptualmente quizá sirvan para discutirlas en muy diversas regiones. Y si ninguna de estas posibilidades consiguieran mis palabras me habrá bastado a mí, como ejercicio intelectual, para comprender un poco más el absurdo dinamismo político que hoy no tiene nada de arte ni de relación con la verdad del concepto que me dice que hacer política y que es buscar el bien común.

Tierras de Adrogué 2005

Tin Bojanic