Aplausos sobre Puerto Argentino

No recuerdo bien si aquel 2 de abril de 1982 ya experimentaba cierta fascinación por el calendario siendo un niño en un jardín de infantes, cosa que sí fue sucediendo con el correr de los años. Tampoco recuerdo bien cuál fue el primer 2 de abril que comencé a levantarme emocionado, pero sé que sucedió cuando cursaba la escuela primaria. Y desde entonces, aún hoy, siento ese deseo, de estar allí, desembarcando, recuperando el territorio que nos falta, para ser un país completo, libre, y soberano. Porque cada dos de abril quisiera estar allí, en 1982, aún sabiendo lo que luego sucedería. Aún si me tocara la derrota y ese dolor que conllevan de por vida nuestros veteranos. Aún, si feliz como Giachino, muriese tras haber cumplido el sueño de ver a nuestra bandera flameando victoriosa sobre las Islas.

Pero qué difícil se hace reconocer tantos errores cometidos por quienes comandaron la guerra sin estar a la altura de las circunstancias. Pero qué difícil se hace reconocer a la derrota cuando nuestros soldados estuvieron dispuestos a pelear la gran pelea, y que lo hicieron sin reconocer sus limitaciones. 

La Argentina es una nación que no está en paz, y que no lo estará, hasta que no le devuelvan lo que le fuera usurpado. Que no encontrará la paz en plenitud hasta no recuperar el pleno ejercicio de su soberanía. Porque no existe la libertad cuando se vive con una parte de nuestra patria ocupada militarmente por el enemigo.

Se perdió una batalla. Es cierto. Pero las guerras se pierden cuando ya no existe el deseo de victoria, el deseo de revancha, el deseo de honrar a todos aquellos que murieron sin haber visto que, una vez más, arriaron nuestra bandera en nuestra propia casa. 

Aquí se me hace incomprensible que no se haya recibido a quienes pelearon en el frente como la historia argentina y el honor nacional lo exigía, y que aún lo exige. 

Es por eso que yo tengo un sueño. 

El mismo consiste en que deberían todos nuestros veteranos ser desplegados al mismísimo lugar de arribo desde el frente tras ese 14 de junio tan doloroso. Pero esta vez, ser recibidos como si regresaran del frente en este momento. Como si fuera hoy 1982, porque la causa Malvinas no es del pasado, es presente, y es un sueño del futuro de cualquiera que se digne de llamarse argentino. Además, posee la virtud de arrojar toda mezquindad en el pozo hipócrita de la grieta impuesta por todos aquellos que no aman al país y que generan desunión.

Imagino a la caravana de soldados marchando desde el sur recorriendo toda la patria libre, y tal vez realizando una suerte de vuelta olímpica por todo el país, para que nadie se pierda el privilegio de aplaudir a nuestros gladiadores. Para que entonces sí, finalmente, ocupen la Plaza de Mayo. Esta vez, no la gente que los alentó a la pelea, sino sólo aquellos que arriesgaron la vida por nuestra bandera. Y recién después, en ese balcón de la Casa Rosada, que se prestó para tanto circo y tantas veces, que un abanderado de los veteranos sea quien anuncie unos vivas a la patria, para lo cual, recién entonces, entremezclándose con nuestros modernos granaderos sanmartinianos, se llene la histórica plaza con toda la gente gritando con ellos y todos juntos unos vivas a la patria, Malvinas Argentinas, y un muy fuerte: ¡volveremos, carajo!

Así, entonces, el 14 de junio, debería oírse un aplauso agradecido, emocionado y patriota, que se haga escuchar en todo el país, en todo el mundo, pero muy especialmente, sobre Puerto Argentino, y sobre nuestro faro moral, el cementerio de Darwin. Porque La Argentina no está rendida, porque Malvinas, no se olvida.

2 de abril de 2018

Tin Bojanic

Hospital Francés

¿Hay una muestra mayor de la insoportable situación política que vive La Argentina?

La intolerancia y el desprecio por los trabajadores que reclaman su merecido salario y que defienden un Hospital, ¿se entiende qué significa esto?

La corrupción y el autoritarismo del gobierno quedaron fantásticamente al descubierto al utilizar a sus matones como nueva brigada policial para continuar con la destrucción del Estado y eliminar cualquier grito de oposición, que a esta altura de la crisis debería llamarse: de RESISTENCIA.

Tierras de Adrogué, 2006

La Argentina del Centro o El Eje de La Argentina

Por estos días he leído y escuchado en demasía sobre la intención de separar o de mutilar parte del territorio nacional, por considerarse algunos distintos o superiores al resto de la República. Por más ridículos o absurdos sean quiénes gobiernan el país -de esto estamos muy acostumbrados- no hay cosa más terrible que la desintegración nacional. Especialmente contradictorio es que aquellos que desean esta ruptura: no se dan cuenta que hace mucho tiempo la clase política argentina desearía entregarle más sur a los ingleses y mucho norte a las manos negras que tienen secuestrada a Venezuela. 

            La Ciudad de Buenos Aires inspiró a un territorio mayor que la patria actual defendiéndose de dos invasiones inglesas. ¿No fue en Santa Fe donde se libró la primera batalla por la Independencia? ¿Es que ya no se recuerda que desde Mendoza partieron nuestros granaderos para asegurar nuestra libertad y la de nuestros vecinos?; pero ahora, ¿ni siquiera nos preocupa la libertad de nuestros mismísimos hermanos? Siempre escuché que Córdoba era la Docta, y si lo sigue siendo, ¿por qué no le enseña algo a sus compatriotas haciéndonos volver a las raíces?

Golpeo la mesa antes de decir: ¿qué hacía el Gaucho Rivero, entrerriano, peleando en Malvinas? ¿Por qué bandera pelearon aquellos puntanos en nuestras queridas islas? ¿Qué soldado argentino en 1982 se negó a empuñar el fusil cuando llamó la patria porque no había nacido en Tierra del Fuego! ¡Allí fueron de todo el país a pelear por lo que es de todos: nuestro territorio nacional!

Todos debemos defendernos ante una agresión extranjera, pero también debemos estar en contra de aquellos que quieren destruirnos por medio de la división, sean estos corruptos gobernantes como engreídos separatistas. Cuando el país está en llamas, debemos unirnos aún más para vencer a todos aquellos que no aman ser argentinos. Así es nuestro deber moral, histórico y soñado.

Si San Martín nos viera seguramente gritaría frente a esta locura: ¿cuándo se dejarán de joder estos desagradecidos Dios mío!

Córdoba, España