Prólogo de Luis Eduardo Aute

Qué arriesgada y difícil tarea la de escribir unas palabras, aunque sean pocas, sobre un trabajo literario que le tiene y contiene a uno mismo como texto y pretexto.

         Por pudor y consciente del riesgo, sólo me siento capaz de agradecer muy hondamente a Agustín Elías, Príncipe de Albanta, el bellísimo regalo que con tanta benevolencia y generosidad me dedica a través de esta entrevista imaginaria tan mágica como hiperrealista, entendiendo el realismo radical como un maravilloso espejo, como una reflexión evidente de lo fantástico.

         Asediado el Príncipe por las dudas hamletianas que lo sitúan entre “la impotencia en la tristeza y la sonrisa en la felicidad” decide recorrer, recorriéndome, otros laberintos que pudieran transportarle a los umbrales de la dudosa luz de “la verdad”.

         Qué carga de responsabilidad la que me echa encima al ser utilizado (en el mejor sentido de la palabra) como referente y guía en esa tan terrible como apasionante andadura que es la experiencia y el milagro de vivir. Qué puedo decir sino manifestar el tremendo vértigo que se siente en estos casos cuando uno tiene la clara consciencia de que sólo puede arrojar más oscuridad, si cabe, a la ausencia de luz.

         Así es, mi muy querido Agustín, y además es la pura verdad. ¿No la andabas buscando? pues ahí la tienes: está claro que donde no hay luz, hay oscuridad… ¿Verdad? ¿O será al revés?

         Aunque también, Príncipe amigo, existen los sueños como sabes. Y son tan verdad como la mentira misma; sólo que en los sueños, fíjate bien, nunca nadie miente, todos siempre hablan de verdad y en verdad. Como sucede en Albanta, allí donde tú y yo decimos…

         Gracias, Agustín, por despertarme de la realidad para hacerme caer en el sueño más real: el de la imagiNación, en ese Reino real sin realeza de nobleza sin nobles, en esa Matria de los sin-Patria que es nuestra Albanta.

         Un fuerte abrazo albantés de tu rey “NO”,

Madrid 2002 

         Luis Eduardo Aute