Aires del estado natural

Algunas veces ocurre en la oscuridad de las primeras o de las últimas horas del día, como si recorriera el camino que me llevara hasta la luna; otras veces, sucede bajo el más enfurecido sol que me flagela y confiesa mis pecados. En mis Tierras de Adrogué, a pesar de sus cuevas arbóreas, disfruto menos que cuando es por la dulce tierra o la salada arena. 

         Me recuerda que también soy un animal y me distrae de tanto trabajo intelectual. Si bien es cierto que mi mujer logra cosas parecidas, ella no queda celosa sino complacida por los beneficios de aquello que tan bien me hace para hacerle lo que desea cuando lo sugiere.

         Es la calma y la descarga absoluta. Porque es una de las pocas acciones donde el límite está en uno y la victoria siempre es con uno mismo. Es la prédica del artista que intenta unir la mente con el cuerpo y moldear con nuestra propia materia la manifestación de la pasión. Puede ser también el soliloquio religioso que nos conduce a la contemplación filosófica.

         Considero que forja la voluntad, porque cuando ya no hay más aire, queda la decisión de exigirnos siempre continuar, hasta la meta de la satisfacción de no habernos detenido antes de la línea de llegada. 

         Amigos, me voy como un loco, como un salvaje, huyendo de ustedes y de mí, me voy a correr…

Tin Bojanic

Tierras de Adrogué, 2006

Libro Rienda Suelta