La vida del mar

Alo es una ola, peque√Īa y tranquila nacida en el Mar Adri√°tico, que disfruta como pocas otras semejantes recorrer los mares, buscando aventuras y haciendo amigos. Con diversas ocasiones ha demostrado una gran destreza y creatividad. En todas las playas le aplauden cuando llega porque saben que ayudar√° a todos los ni√Īos que esperan con sus barrenadoras divertirse locamente con sus esfuerzos. Y  como tiene muchos amigos delfines, puede llamarlos para que acudan al rescate si alguno de los ni√Īos cae tras una pirueta arriesgada en aguas algo profundas. Pero entre todas las orillas siempre ha tenido por favoritas a las de Honolulu en Hawaii, porque cada vez que pasa por all√≠ escucha que la gente se saluda con un ‚ÄúAlooooha‚ÄĚ y se jacta cuando dice que es debido al agradecimiento que sienten por su buen desempe√Īo como ola…  

Los padres de Alo creen que debería ocuparse en pensar qué hará de su vida más allá de divertirse con sus amigos marinos y comenzar a intentar conseguir una novia con la cual casarse y formar una familia. También sufre una presión agregada por saber que un día deberá hacer algo destacable por el buen nombre de su familia o por el bien de todas las olas del planeta. En cuanto a hallar una novia, cree que las mareas del destino le acercarán a la ola más tierna de todas con la cual salpicarán besos la vida entera criando olitas en felicidad.

Siendo invierno en el hemisferio norte donde está su casa, planeaba un viaje muy al sur, para reencontrarse con el verano y una muy especial empresa. Debido a la gran fascinación que siempre le han producido los mapas y sus ganas de probarse a sí mismo, decidió realizar algo que nunca en la historia del oleaje conocido alguna ola semejante había hecho. Siendo una ola salada quería adentrarse en la leyenda viviente del Mar Dulce e inscribir su nombre en las páginas célebres de la oceanografía. La expedición tenía entonces por nombre y rumbo ¡el misterioso Río de la Plata en Suramérica!

Sin avisar a nadie se despidi√≥ de su familia en las orillas de la Isla de Hvar y comenz√≥ a nadar hacia el sur. Luego contorne√≥ la Pen√≠nsula It√°lica para descansar brevemente en las playas del sur de Sicilia. M√°s tarde visit√≥ a unos amigos en Sardegna que al o√≠r su aventura decidieron acompa√Īarlo hasta el encuentro del Mediterr√°neo con el Atl√°ntico Norte apoy√°ndolo en su misi√≥n. Alo junto a sus amigos dio vueltas alrededor de las Islas Baleares: Menorca, Mallorca, Ibiza y Formentera, ¬°cu√°ntas veces hab√≠a ido a fiestas de cumplea√Īos por aquellas aguas! No planeaba despedirse tr√°gicamente de su barrio del Mediterr√°neo pero no sab√≠a muy bien cu√°ndo volver√≠a. Por ello sus movimientos eran  algo nost√°lgicos. Pero tambi√©n, y es cosa cierta, sab√≠a que estaba dando unos grandes nados en su crecimiento y muchas cosas cambiar√≠an en su vida. Por esa misma raz√≥n es que, de alguna manera, se desped√≠a de costumbres que quiz√° ya no har√≠a en el agua tan a menudo. Porque cuando uno est√° decidido y se lanza a capturar el destino que nos espera resurgen vertiginosas emociones que, liberadas, pueden transformar todo lo que era habitual hasta ese momento. Entonces no fue extra√Īo que mientras observaba las costas de Argelia o de Marruecos se planteara varias veces suspender la expedici√≥n. Es que la emoci√≥n por la aventura era muy intensa y quiz√° √©l no estaba preparado para eso. Es cierto que su orgullo no le permitir√≠a regresar sin haberlo intentado, pero no era ese el impulso m√°s grande que le daba las fuerzas para continuar. Su fuerza estaba en la convicci√≥n que all√° en el Sur algo estaba esper√°ndole. 

Cuando pudo reconocer a la Isla de Madeira en la inmensidad del Oc√©ano Atl√°ntico Norte decidi√≥ quedarse all√≠ a pasar la noche. Le costar√≠a mucho conciliar el sue√Īo debido a las grandes ansias de llegar a la meta fijada. Pero sab√≠a que deb√≠a descansar porque despu√©s que saliera el sol estaba decidido a nadar ininterrumpidamente. Conoc√≠a muy bien, porque las hab√≠a estudiado, las diferentes corrientes marinas que lo llevar√≠an con menor esfuerzo y mayor rapidez. Tambi√©n contaba con encontrarse con alg√ļn delf√≠n en alguna etapa, y no era porque les pedir√≠a transporte, ¬°es que la risa de los delfines eran su melod√≠a favorita y aligerar√≠an la ansiedad del viaje! 

La madrugada lleg√≥ y Alo despert√≥ a sus sales. Reanud√≥ la navegaci√≥n y su pr√≥xima parada ser√≠a el  noroeste de √Āfrica donde est√°n ubicadas las Islas Canarias. De all√≠ cruz√≥ a las Islas de Cabo Verde, l√≠mite de sus aventuras por los mares del norte hasta ese d√≠a, y fue feliz al cruzarlo. Comenz√≥ a escuchar aplausos de aletas y reconoci√≥ a un delf√≠n festej√°ndole.

Alo – ¬ŅQu√© aplaudes delf√≠n amigo?

Delf√≠n ‚Äď Te aplaudo Alo porque s√© que es la primera vez que vas tan lejos.

Alo – ¬ŅNos conocemos? 

Delfín РClaro que sí, soy un delfín y has conocido a muchos y cualquier delfín son todos los delfines.

Alo – ¬ŅPero cu√°l es tu nombre? 

Delf√≠n ‚Äď Ya lo sabes, soy Delf√≠n, y nada m√°s. A nosotros no nos preocupa diferenciarnos entre s√≠. El rescate de un ni√Īo por parte de un delf√≠n es el logro de todos, porque cualquiera de nosotros lo hubiera hecho de haber estado en ese lugar. 

Alo ‚Äď Entonces quiz√° mi aventura no sea tan ego√≠sta y la haga en nombre de todas las olas del mar. 

Delf√≠n ‚Äď As√≠ me gusta Alo, que pienses colectivamente intentando hacer algo desde uno pero en funci√≥n de los dem√°s y no tan s√≥lo para diferenciarte o lograr una gloria vanidosa. Porque la √ļnica gloria verdadera es la que puede ser compartida.

Alo ‚Äď Entonces, amigo m√≠o, ahora nadar√© con renovada decisi√≥n. Cada ola del mar que encuentre ser√° reencontrarme con los m√≠os. Siempre he sentido al mar como un barrio inmenso que es de todos. Cuando llegue al r√≠o que pretendo lo sentir√© mi casa como igualmente bienvenidas ser√°n las olas del sur cuando quieran nadar por mi amado Adri√°tico.

Delfín Р¡Mucha suerte Alo! Aunque no dependas de la suerte sino de tus verdaderas ansias. Todo será lo que busques que sea y nadie puede detener a la fuerza del mar.

Continuando el viaje y tras saludar a la Isla de Ascensi√≥n se dirigi√≥ decidido mirando al sudoeste imaginando encontrar en sus ojos muy pronto al Brasil.  Vaya la sorpresa que sinti√≥ cuando otra ola le indic√≥ que ya se encontraba en Punta del Este, ya muy cerca de la boca del R√≠o de la Plata. Evidentemente hab√≠a nadado muy r√°pidamente y fueron varios los delfines que lo acompa√Īaron. Necesitaba un descanso y pens√≥ en continuar viaje con fuerzas renovadas luego de un merecido reposo. ¬°Hab√≠a nadado desde el Hemisferio norte al sur y atravesado el Oc√©ano Atl√°ntico desde el este al oeste!

Muy temprano para el sol, comenz√≥ Alo a dejarse llevar por la corriente, disfrutando del momento de poder ingresar en el Mar Dulce. Pero la fuerza de ese R√≠o de la Plata parec√≠a repeler el avance. Tuvo que hacer m√°s fuerza de lo habitual y lanzaba exclamaciones d√°ndose √°nimo. Algunas olas que lo observaban sin entender le preguntaron qu√© es lo que pretend√≠a siendo una ola salada queriendo ingresar en aguas dulces. Una y otra vez deb√≠a explicar sus ansias de querer ser la primera ola de agua salada que ingresara en el Mar Dulce. Todas las olas con las que hablaba se mostraban esc√©pticas de poder llevarse a cabo esa misi√≥n y, a√ļn cuando fuera posible, no lograban entender la raz√≥n de hacerlo. Ciertas olas le advert√≠an que pod√≠a morir en el intento, otras dec√≠an que estaba prohibido que las olas saladas se juntaran con las dulces, y hab√≠a quienes le aseguraban que ser√≠a tomado prisionero o expulsado por aquellas distintas aguas. A todo esto, Alo respond√≠a que todas eran conjeturas y que, en definitiva, tanto las saladas como las dulces no eran m√°s que agua, de diferente color y sabor, pero olas en esta vida.

A medida que iba avanzando pod√≠a observar que las aguas comenzaban a entremezclarse. Por momentos parec√≠a que fuera mar azul, y por otros, oscuro r√≠o. Not√≥ que deb√≠a hacer mayor fuerza al nadar en aguas del R√≠o de La Plata. Las sales del mar que permiten una mejor flotaci√≥n no se encontraban en esta aventura. Y Alo, como ola valiente, no pretend√≠a dejarse hundir y formar parte de las aguas pasivas de las profundidades, aunque eso significara avanzar m√°s tranquilamente. √Čl era una ola y deb√≠a permanecer como tal y en todo momento y bajo cualquier circunstancia, ¬°siempre en la cresta! Donde fuera que deb√≠a llegar era su anhelo hacerlo como quien era, una ola, sin importar si alguien lo reconocer√≠a, porque los ojos de los seres aut√©nticos pueden reconocerse a s√≠ mismos sin fals√≠a. 

Mientras navegaba adentr√°ndose en el R√≠o de la Plata saboreaba las nuevas aguas dulces. Intent√≥ comparar el sabor con otros frutos de mar pero no hall√≥ nada parecido. Hubo alguna que otra ola que lo mir√≥ con recelo, y hasta una muy vieja le increp√≥ por incursionar en aguas diferentes alegando que las aguas dulces nunca hab√≠an invadido a las saladas y que todo esto parec√≠a una provocaci√≥n irresistible. Pero Alo hab√≠a sido educado en el arte de la conversaci√≥n y no buscaba problema alguno. Bastaba con explicar sus sanas intenciones de b√ļsqueda y exploraci√≥n para que no fuera necesario batirse a duelo con ning√ļn agua. En tiempos m√°s imprudentes sol√≠a aceptar la afrenta de extra√Īos que s√≥lo buscaban molestar a los dem√°s y entonces deb√≠a saltar para con su pecho golpear a la ola perturbadora. Pero siempre se increpaba a s√≠ mismo, m√°s all√° de los aplausos insensibles que suscitaba, por no haber sabido resolver la situaci√≥n con su discurso y tenerlo que hacer por la fuerza. 

No pod√≠a creer por instantes que se encontraba nadando en el R√≠o de la Plata. Ese Mar Dulce que tantas veces hab√≠a observado con curiosidad en mapas desde Europa ahora era su medio de movilizaci√≥n, su barrio temporario, o quiz√° lo fuera por siempre. A lo que, de pronto, pudo distinguir con sus ojos a la Isla Mart√≠n Garc√≠a. ¬°Hab√≠a cruzado el R√≠o de la Plata pr√°cticamente de este a oeste! Y para festejar, dio un salto de ola guapa y al caer cay√≥ sobre una olita m√°s peque√Īa, graciosamente bella, que tras el impacto expres√≥‚Ķ

Olita – ¬°Cuidado! 

Alo ‚Äď Le pido me perdone, ¬Ņqu√© puedo hacer por usted? ¬ŅLa he lastimado?

Olita ‚Äď No me lastim√≥, pero s√≠ me desconcentr√≥. ¬ŅAcaso no ve que estoy trabajando?

Alo – ¬ŅTrabajando? ¬ŅC√≥mo que trabajando? Las olas nadamos pero no le llamamos trabajo.

Olita ‚Äď Mire usted, ¬°aqu√≠ s√≠ se trabaja! ¬°Puff, puff! ¬°Agggh! Me dej√≥ un sabor salado tras el contacto, ¬Ņacaso no tiene usted buen sabor? En fin, es un t√≠pico masculino‚Ķ

Alo ‚Äď Soy masculino y salado, pero dulce en mis sentimientos. Mi nombre es Alo y vengo del Adri√°tico. 

Olita – ¬ŅDel Adri√°tico! ¬ŅUna ola de mar? ¬ŅAlo? ¬°Gua, gua, gua! Alo es ola al rev√©s‚Ķ ¬°Gua, gua, gua!

Alo ‚Äď Para servirle bella olita. ¬ŅSu nombre?

Olita ‚Äď Estoy algo sorprendida, porque nunca conoc√≠ una ola salada, ¬°y no sab√≠a que ten√≠an tan mal sabor! Mi nombre es Atiuga.

Alo – ¬ŅAtiuga? ¬ŅY eso no es Ag√ľita al rev√©s? ¬°Glug, glug!

Atiuga ‚Äď ¬°Mi nombre no es para re√≠rse!

Alo ‚Äď No se me enoje dulce ag√ľita‚Ķ Me le acercar√© un poco para que vuelva a sentir mi sabor, que s√© que no es tan malo. 

Atiuga ‚Äď Mmmmm, no me convence, ¬°es muy salado! Y yo soy agua muy muy dulce.

Alo ‚Äď Lo que puedo decir de su sabor es que est√° muy rica, con toda verdad puede llamarse que es agua de una dulzura inexplicable.

Atiuga ‚Äď ¬°Bla, bla! Ya lo veo, masculino al fin, no importa si dulce o salado, siempre queriendo conquistar a las femeninas. 

Alo ‚Äď No me juzgue mal, yo no voy por los mares mojando femeninas para enamorarlas, yo s√≥lo quiero una olita compa√Īera para salpicarnos juntos, y ahora que la compruebo, si es de salado a dulce y de dulce a salado mucho mejor.

Atiuga ‚Äď ¬°Basta ola europea!, que si usted viene a conocer es bienvenido, pero le voy a pedir que no interrumpa mi trabajo. 

Alo – ¬ŅCu√°l es su trabajo?

Atiuga ‚Äď Es muy importante y necesario. Cada vez que los hombres vienen a arrojar al r√≠o desechos industriales, nos juntamos todas las aguas y unidas nos lanzamos hasta la orilla para ba√Īarlos intentando comprendan su locura. ¬°Est√°n contaminando las aguas y debemos impedir que destruyan nuestra vida! Son tan torpes que no saben que ellos tambi√©n dependen de nosotros.

Alo ‚Äď Es incre√≠ble lo que me est√° contando. Me indigna saber esto. All√° en otros mares s√© que ocurren cosas semejantes pero no conoc√≠ a nadie que se enfrente a estos malos hombres. 

Atiuga ‚Äď Perm√≠tame decirle que nosotros lo aprendimos de ustedes cuando mucho tiempo atr√°s vinieron hombres desde all√° a poblar estas tierras. Pero tambi√©n trajeron algunas olas saladas en sus embarcaciones, las que nos instruyeron. All√° hab√≠an perdido la contienda y quer√≠an luchar por esta nueva. Y por aqu√≠ tambi√©n la estamos perdiendo porque cada vez es m√°s grande la contaminaci√≥n que produce el hombre y buenas olas mueren sec√°ndose en distante orilla sin que las podamos rescatar. Porque el √≠mpetu por ba√Īarlos a ellos hace que los saltos muchas veces sean desmedidos y ya no puedan volver al agua. Se han perdido grandes olas en esta lucha, y se pierden a diario. 

Alo – ¬°Me siento agua del √Ārtico con esto que me cuentas! ¬°No sab√≠a nada! ¬°Pero esas olas son unas hero√≠nas! ¬°Terminan sec√°ndose pero hacen que los hombres desistan de sus intenciones y mueren por el bien com√ļn!

Atiuga ‚Äď Gracias por reconocer nuestra lucha. Pero la verdad es que lo √ļnico que logramos es ba√Īarlos un poco y nada m√°s. No logramos impedir que prosigan con sus ataques a la naturaleza. 

Alo – ¬°No se logra nada! ¬ŅY por qu√© mueren entonces?

Atiuga – ¬°Me sugerir√°s que nos quedemos quietas! ¬ŅQu√© no hagamos nada? ¬°Intentamos dar un mensaje! ¬°Nos sacrificamos por un mundo mejor! Antes los pueblos originarios viv√≠an en armon√≠a con nosotras y as√≠ como usted es salada y yo dulce y podemos entendernos, creemos que estas colonias europeas en Am√©rica deber√°n entenderse con los modos de los pueblos anteriores.

Alo ‚Äď Estoy fascinado con todo esto. No digo que me guste la situaci√≥n, quiero decir que siento por vez primera una misi√≥n por realizar.

Atiuga ‚Äď Pero si tambi√©n puede hacer lo mismo en sus aguas. 

Alo ‚Äď Y se har√°. Yo les enviar√© mensajes a mis amigos para que comiencen a actuar en el Mediterr√°neo, en el Oce√°no Atl√°ntico y Pac√≠fico, ¬°y en los siete mares!

Atiuga ‚Äď ¬ŅPor qu√© no va usted mismo all√° para liderar el cambio? 

Alo ‚Äď Es que yo no podr√© dejar su dulzura ni irme de su lado. No podr√≠a regresar y temer porque se seque en su lucha. En cada salto que haga yo estar√© acompa√Ī√°ndola, y si sucediera el salto m√°s riesgoso querr√© morir a su lado.

Atiuga ‚Äď ¬°Ah√≠ vienen los hombres! ¬°Traen desechos industriales! ¬°Quieren contaminarnos! ¬°Viva la naturaleza! ¬°Vivan las aguas limpias! ¬°Vivan todos los que las defienden! ¬°Saltemos juntos Alo! ¬°Aaaaaaaguaaaaaa!

Esta vez Atiuga salt√≥ muy lejos y no pudo regresar. Se sec√≥ cumpliendo su misi√≥n, pero no lo hizo sola, Alo estuvo con ella hasta que ambos se evaporaron. 

Barcelona, 2008

Desde la eternidad de mi infancia

Me emociona recordar el momento en que nos conocimos. Creo que hab√≠amos o√≠do hablar el uno del otro, pero no lo s√© ahora porque puede ser que peque mi lado narciso. De lo que estoy seguro es que yo s√≠ estaba acostumbrado a o√≠r decir de muchos lo linda que eras, que con cu√°nta ternura hablabas, la manera √ļnica que ten√≠as para endulzar un coraz√≥n resucit√°ndolo de cualquier tristeza. Hasta hay quienes te criticaban adjudic√°ndote responsabilidades insensatas como que por tu culpa distra√≠as a todos con tonter√≠as. Pero yo cre√≠ en vos. Desde siempre. Cada vez que escuchaba a alguien nombrarte pon√≠a especial atenci√≥n, intentando reunir informaci√≥n, conocerte un poco m√°s. Era un ni√Īo pero entend√≠a que me estaba enamorando, ¬Ņqui√©n dice que hay una edad precisa para caer en el idilio? 

Entonces lleg√≥ el momento en que viniste por primera vez a jugar a casa. Nos sentamos frente a mi escritorio y miramos por la ventana de mi habitaci√≥n. Observamos los colores del pino de mi jard√≠n, le preguntamos a mi perrita qu√© sent√≠a al vernos juntos y nos tomamos de la mano escuchando un vals que nos vio bailar abrazados. Inmediatamente nos sentimos uno dentro del coraz√≥n del otro y latimos al mismo tiempo. Tomamos la pluma y escribimos los primeros versos de amor, lo que primero sentimos, y aquello era paz, y as√≠ de inmensamente sencillo se titul√≥ mi primer poema. 

Desde ese d√≠a nos hemos visto pr√°cticamente todas las tardes al regresar del colegio. Explor√°bamos mi jard√≠n, camin√°bamos por las calles de mis Tierras de Adrogu√© disfrutando cada una de las palabras que nos dec√≠amos. Cada √°rbol era un amigo y cada empedrado una isla de sue√Īos. Yo te llevaba de la mano a todos lados. Si estaba con un amigo estabas autorizada a o√≠rnos y te dejaba opinar, porque nuestra relaci√≥n siempre fue absolutamente libre y plena de confianza. A m√≠ no me importaba que algunos no entend√≠an lo importante que eras en mi existencia. Cosas de ni√Īo, o est√° bien jugar tanto cuando se crece, parec√≠a justificar nuestra relaci√≥n. Quiz√° nadie entend√≠a que ese jugar era algo serio, porque era algo importante, y que nosotros siempre supimos que el amor que nos ten√≠amos, o para no comprometerte mucho, que el amor que yo sent√≠a, era el sol de mi mundo. S√© que te gustaba que mis padres te miraran coma a una hija m√°s.

Lleg√≥ la adolescencia y comenzamos a discutir. Muchas veces me recriminaste por volverme algo m√°s serio o mostrarme algo m√°s triste. Te notaba afligida cuando me ve√≠as hablar de temas sin ensue√Īo o cuando comenc√© a transmitirte mis problemas, a develarte mis angustias. Pero te quedaste a mi lado, siempre compa√Īera, acarici√°ndome y acerc√°ndome los libros que me ayudaran a resistir, brind√°ndome la palabra justa cada vez que te necesit√©. Porque nunca me abandonaste. As√≠, pues, comenc√© a admirarte, a respetarte mucho porque no eras la ni√Īa con la cual yo jugaba tiempo atr√°s, te estabas convirtiendo en toda una mujer, y tambi√©n sent√≠a que no te hac√≠a falta madurar. Para m√≠ ya eras eterna en mi coraz√≥n y en la vida misma. Confesar esto quiz√° sea algo malo, porque en una relaci√≥n uno deber√≠a complementarse de una manera m√°s o menos equiparada, pero yo comenc√© a abusar de tu grandeza y me refugi√© en tu pecho, m√°s de una vez atemorizado. Eso s√≠, contabas con mi defensa incondicional y que cuanta cosa hiciera yo en la vida te ir√≠a dedicada, en placentero agradecimiento.

Al despedir tempranamente a un hermano te aferraste a m√≠, tal vez por miedo a ver que aquel coraz√≥n de ni√Īo que permaneci√≥ inocente se destruyera. Con tus manos hac√≠as latir a mi coraz√≥n y con tus ojos te zambull√≠as en cada una de mis l√°grimas para hacerme ver a la esperanza que siempre estuvo en tu interior. Me contagiaste de religiosidad. Ya para entonces no hab√≠a nadie que desconociera que vos y yo plane√°bamos vivir la vida juntos. 

Lanzados entramos a la juventud. Hiciste que comenzara a sentirme escritor y confiaste en m√≠. Te promet√≠ mi vida literaria como nueva ofrenda de amor, de reencuentro con aquellas tardes de la infancia que prometimos no olvidar, para seguir vivi√©ndolas. Me acompa√Īabas a los diferentes intercambios de tareas por dinero que deb√≠a hacer para poder sobrevivir y mantenernos. Vos parec√≠as no necesitar nada, jam√°s dejabas de sonre√≠r y darme √°nimo. Yo quer√≠a devolverte tanta ternura y te complac√≠a escribi√©ndote cartas y poemas, regal√°ndote flores, bes√°ndote en cada rinc√≥n, pase√°ndote por mi vida de la mano. Qu√© insignificante me sent√≠a cuando parec√≠a que tu vida consist√≠a en brindarte a m√≠ con todo tu genio, con todo tu amor. Nunca me confund√≠, no era porque yo fuera m√°s importante, era porque tu bondad era infinitamente m√°s grande que la m√≠a. Los dos sabemos que aunque algunas veces me aprovech√© de tus servicios y me cre√≠ merecedor de todo lo que hac√≠as por m√≠, terminaba siempre aceptando que eras mi musa inmaculada.

Organizamos conciertos y recitales, fiestas y asados, recorrimos escenarios de cines y teatros, caf√©s y tanguer√≠as‚Ķ Pero vinieron tiempos muy dif√≠ciles y las circunstancias atentaron con separarnos. El naufragio y las amenazas llegaron a mi tierra y tuve que cruzar la frontera. Hablo por m√≠ solo porque vos siempre tuviste un aire internacional, nunca te importaron las banderas y no hab√≠a idioma que no sonara como tu lengua materna. Esto, de ninguna manera, le quita m√©ritos a tu invalorable compa√Ī√≠a las veces que tuvimos que mudarnos sabiendo los venideros sinsabores, cuando lo importante era estar juntos. Lo importante era estar a tu lado. As√≠ cruzamos mares, cielos, y caminamos por todo el mapa hasta desfallecer.

Como toda pareja, tenemos nuestras rutinas, pero deberíamos corregir esa expresión llamándola rituales. Porque seguimos bailando con cada tango que escuchamos, seguimos saboreando cada palabra compartida en un mano a mano de mate, leemos hasta quedarnos dormidos y nos preocupamos con cada catástrofe mundial.

¬ŅHace cu√°nto que estamos juntos? Hace veinte a√Īos iniciamos nuestro romance y lo hemos ido engrandeciendo con cada gesto enamorado. Quiero por ello agradecerte por este aniversario y decirte que no tengo sue√Īo m√°s preciado que continuar as√≠, mis ilusiones al lado de las tuyas.  Has sido mi amiga, mi compa√Īera, mi amante, y hoy quiero que seas por siempre mi diosa cas√°ndonos con este beso que ya tiene formas de prosa po√©tica, y que no podr√≠a ser de otra manera. Hoy vuelvo a declararte mi amor, que soy tuyo, aunque tambi√©n te siento mi propia carne. No se te ocurra dejarme, no dejes que se me ocurra dejarte. Hoy quiero que brindemos, que festejemos y que nos prometamos m√°s felicidad, esa que nos otorga sentirnos unidos. Sabemos inocultablemente que si mantenemos esto podremos no s√≥lo satisfacernos a nosotros mismos sino poder esparcir esperanza a los dem√°s. Seamos para que otros sean. 

Por √ļltimo quiero volver a confirmar cu√°nto te amo, que quiero sigamos siempre de la mano. Latirte, sentir lo imprescindible de estar a tu lado‚Ķ ¬°ser con vos poes√≠a!

Barcelona 2008

RIENDA SUELTA

Mi hermano poeta

Andrés Lucas Jijena Sánchez nació el 15 de noviembre de 1970 en Bahía Blanca, sur de la Provincia de Buenos Ayres. Personaje andariego y bohemio que sólo respetaba mantenerse iconoclasta. Con mucha juventud y poco pasado, siempre anduvo despreocupado por el futuro. Todo en su vida fue fugacidad y eclecticismo: jugador de rugby, guitarrista, cocinero, jinete, fabricante de patinetas…

Vivió sólo de las emociones y repartió afectos, que era todo lo que poseía. Tal vez sabía, en su sabiduría, que postergar las cosas en la vida era una torpeza semejante cual creer que la muerte era imposible que llegara un día.

La madrugada del 16 de septiembre de 1996, con un siglo de cicatrices talladas en tan s√≥lo 25 a√Īos, su coraz√≥n se detuvo para que su alma pudiera finalmente liberarse y ascender para regresar al Padre.

Dejó dulces recuerdos, y por herencia, un cuaderno de poemas.

Barcelona 2 008