“Piadoso y clementísimo Señor, ¿por qué te vestiste de carne humana, y quisiste bajar del cielo a la tierra?  

Para que el hombre terreno, a quien su culpa había derribado, pudiese con mi favor y ayuda subir desde la tierra al cielo.

¿Quién a ti, que eras inocente y estabas libre de pecado, forzó a padecer muerte y dolores por los pecados?

El amor grande que tuve al hombre, para que, lavado él con mi sangre, se hiciese hábil para morar en el cielo. 

¿Por qué tienes los brazos tendidos en ese madero, y los pies juntos y traspasados en un clavo?

Porque de una parte y de otra llamo a las gentes del mundo, y así las vengo a juntar en unión de una misma fe.

¿Por qué, estando en esa cruz, tienes inclinada la cabeza, y los ojos humildemente bajos y puestos en tierra?

Porque con esta figura enseño a los hombres a no levantarse con soberbia sino a bajar humildemente la cerviz y ponerla debajo de mi yugo.

¿Por qué estás en esa cruz desnudo, y por qué está ese rostro y ese divino cuerpo tan consumido y tan flaco?

Porque con esto quise enseñarte a despreciar las riquezas y bienes deste mundo y a padecer hambre y pobreza conmigo. 

¿Por qué tienes cubiertos los lomos con un velo de lienzo? ¿Qué es lo que me significa esa cobertura real?

De aquí quiero que aprendas que me agranda los cuerpos limpios y castos, y que aborrezco toda torpeza y fealdad. 

¿Qué quieren decir esas bofetadas, salivas, azotes, corona de espinas, y los otros tormentos de la cruz?

Que tenga paciencia en las injurias y no quiera dar mal por mal al que desea sobre las estrellas del cielo vivir en perpetua paz”.

Marcvs Marvlvs

Carta de Juan José Ramón Falconier

“A Ñequi y Mononi: 

Su padre no los abandona, simplemente dio su vida por los demás, por ustedes y vuestros hijos… y los que hereden mi Patria. 

Les va a faltar mi compañía y mis consejos, pero les dejo la mejor compañía y el más sabio consejero, a Dios: aférrense a Él, sientan que lo aman hasta que les estalle el pecho de alegría, y amen limpiamente, que es la única forma de vivir la “buena vida”, y cada vez que luchen para no dejarse tentar, para no alejarse de Él, para no aflojar yo estaré junto a ustedes, codo a codo aferrando el amor. 

Sean una “familia”, respetando y amando a mamá aunque le vean errores, sean siempre sólo “uno”, siempre unidos. 

Les dejo el apellido: Falconier, para que lo lleven con orgullo y dignifiquen, no con dinero ni bienes materiales, sino con cultura, con amor, con belleza de las almas limpias, siendo cada vez más hombre y menos “animal” y por sobre todo enfrentando a la vida con la “verdad”, asumiendo responsabilidades aunque les “cueste” sufrir sinsabores, o la vida misma. 

Les dejo muy poco en el orden material, un apellido “Falconier”, y a Dios (ante quien todo lo demás no importa).

Papá 

PD: para que mis hijos lo lean desde jóvenes y hasta que sean viejos, porque a medida que pasen los años, adquieran experiencia, o tengan hijos, le irán encontrando nuevo y más significado a estas palabras que escribí con amor de padre”. 

Alégrate, joven, durante tu juventud,
disfruta de corazón tus años jóvenes.
Sigue el camino que te indique el corazón
y lo que deleita a tus ojos.
Pero no olvides que de todo ello Dios te pedirá cuentas.
Aleja de tu corazón la tristeza
y de tu cuerpo el sufrimiento;
pero recuerda que los placeres de la juventud
son cosas que se acaban.

Acuérdate de tu Creador en tus años jóvenes,
antes de que vengan los días amargos
y se te echen encima los años en que dirás:
“No hallo gusto en nada”.
Antes de que se nuble la luz del sol,
la luna y las estrellas,
y retornen las nubes tras la lluvia.

Cuando tiemblen los guardias de la casa
y se dobleguen losd valientes.
Cuando las que muelen sean pocas y dejen de trabajar
y las que miran por las ventanas se queden ciegas.
Cuando las puertas de la calle se cierren
y se apague el ruido del molino.
Cuando enmudezca el canto de las aves
y cesen todas las canciones.
Cuando den miedo las alturas
y los peligros del camino.

Cuando florezca el almendro
y se arrastre la langosta
y no dé gusto la alcaparra,
porque el hombre se va a su eterna morada
y circulan por la calle los dolientes.

Antes de que se rompa el cordón de plata,
antes de que se quiebre la lámpara de oro,
antes de que se haga añicos el cántaro junto a la fuente,
antes de que se caiga la polea dentro del pozo,
antes de que el polvo vuelva a la tierra, a lo que era,
y el espíritu vuelva a Dios, que es quien lo ha dado.

Todas las cosas, absolutamente todas,
dice Cohélet, son vana ilusión.

Eclesiastés (Cohélet) 11, 9–12, 8