Carta de Juan José Ramón Falconier

“A Ñequi y Mononi: 

Su padre no los abandona, simplemente dio su vida por los demás, por ustedes y vuestros hijos… y los que hereden mi Patria. 

Les va a faltar mi compañía y mis consejos, pero les dejo la mejor compañía y el más sabio consejero, a Dios: aférrense a Él, sientan que lo aman hasta que les estalle el pecho de alegría, y amen limpiamente, que es la única forma de vivir la “buena vida”, y cada vez que luchen para no dejarse tentar, para no alejarse de Él, para no aflojar yo estaré junto a ustedes, codo a codo aferrando el amor. 

Sean una “familia”, respetando y amando a mamá aunque le vean errores, sean siempre sólo “uno”, siempre unidos. 

Les dejo el apellido: Falconier, para que lo lleven con orgullo y dignifiquen, no con dinero ni bienes materiales, sino con cultura, con amor, con belleza de las almas limpias, siendo cada vez más hombre y menos “animal” y por sobre todo enfrentando a la vida con la “verdad”, asumiendo responsabilidades aunque les “cueste” sufrir sinsabores, o la vida misma. 

Les dejo muy poco en el orden material, un apellido “Falconier”, y a Dios (ante quien todo lo demás no importa).

Papá 

PD: para que mis hijos lo lean desde jóvenes y hasta que sean viejos, porque a medida que pasen los años, adquieran experiencia, o tengan hijos, le irán encontrando nuevo y más significado a estas palabras que escribí con amor de padre”. 

“Me animo a decir que, el 2 de abril de 1982, todo el pueblo argentino y latinoamericano interpretó y concurrió a ese acontecimiento providencial, menos la dirigencia cipaya que prefirió, rápidamente, distorsionar la sucedido, terminando posteriormente, de rodillas y pidiendo perdón a sus amos.”

Mohamed Alí Seineldín

“Los argentinos, de cualquier clase que sean, civilizados o ignorantes, tienen una alta conciencia de su valer como nación; todos los demás pueblos americanos les echan en cara esta vanidad, y se muestran ofendidos de su presunción y arrogancia. Creo que el cargo no es del todo infundado, y no me pesa de ello. ¡Ay del pueblo que no tiene fe en sí mismo! ¡Para ése no se han hecho las grandes cosas! ¿Cuánto no habrá podido contribuir a la independencia de una parte de la América la arrogancia de estos gauchos argentinos que nada han visto bajo el sol mejor que ellos, ni el hombre sabio ni el poderoso?”

Domingo Faustino Sarmiento