Mi habano caído en el charco sin
decirte en tormenta ni un adiós,
cual una guitarra partida en dos
se suicida para que vuelvas a mí.

Ya no tengo una camisa de bien
con la que pueda vestirme de ti,
para los perfumes que al partir
llevan ojos polizones de tu tren. 

Con quién ensayaré por esta vez
cuando tus labios me besen de sí
o me digan chau sobre las tablas. 

Preferiré no proceder como ya fue
y jugándome entero una y tal y más,
invitarte a zarpar desde mis barcas.

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