El pataleo de un beso


Mi habano caído en el charco sin
decirte en tormenta ni un adiós,
cual una guitarra partida en dos
se suicida para que vuelvas a mí.

Ya no tengo una camisa de bien
con la que pueda vestirme de ti,
para los perfumes que al partir
llevan ojos polizones de tu tren. 

Con quién ensayaré por esta vez
cuando tus labios me besen de sí
o me digan chau sobre las tablas. 

Preferiré no proceder como ya fue
y jugándome entero una y tal y más,
invitarte a zarpar desde mis barcas.

“Vasco, es verdad, a quienes amamos a la poesía se nos hace muy fuerte la palabra poeta. Yo prefiero presentarme como escritor, o decir que escribo poesía, pero me parece un atropello llegar a decir que soy poeta, como si fuera un gesto de vanidad inapropiado, como si sólo los demás podrían verlo en uno sin que nuestro yo debiera pretenderlo”.