Tú eres acreedora de mi amor,

a nadie he mirado de esta manera,

y a nadie podría mirar así aunque quisiera,

tú eres deudora por causarme dolor.

Sin embargo qué ansias por amarte

cuando no encuentro la imprudencia

que resguarda tu extenuada retina

que me refleja y pide solamente la consuele.

Aquella melancolía me perturba

sabiendo tu decisión de proseguir

aún con faltas para poder expresar

aquel oculto sentir que de mí se burla.

Sé que digo esto reconociéndome 

en tus pupilas, ahogado por tus lágrimas 

perdidas, que triunfan sobre mí,

y que sólo deseo sean mías.

Poesías de mi adolescencia

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