Por allá está mi país

Les puedo, si quieren, contar

sobre mi querido y lejano país,

el que todos conocen tan bien

por sus cosas que le han dado fama 

y porque están muchos de allá por aquí.

El amor puede llegar a ser más fuerte

pero bailarlo cuesta cada vez más caro,

la amistad nace siempre cual eterna

pero exige que, de problemas, sólo a veces.

Lo bueno y lo malo allá son de verdad,

lo bueno porque es siempre mejor,

y lo malo porque es terriblemente peor,

por eso se canta y llora siempre más. 

Los políticos no sólo son corruptos

porque están dispuestos también a matar,

los ricos no son solamente más ricos:

gozan de su riqueza nutriendo a la miseria.

El futuro es ir un siempre hacia atrás

por lo que ya fue o desgano de progresar,

y el presente es una incógnita cruel

que atormenta a los que se quedan

y va tatuada en los que se van.

Lo bueno y lo malo allá son de verdad,

lo bueno porque es siempre mejor,

lo malo porque es terriblemente peor,

por eso se canta y llora, como argentino, más. 

Gubbio

“That is why evangelism, or sharing the gospel with others, will do as much for you as it does for those who hear it.”

Rice Broocks

“Las hazañas de Malvinas tienen la virtud de enseñarnos que el heroísmo no es cosa del pasado ni de otros pueblos. Por ser una causa presente, aún suceden, y por ser en las Islas, son del pueblo argentino”.

Tin

Después de un año de algún virus, después de un año de cuarentenas, después de empobrecerse la gente pero no los que toman decisiones. El mundo falló.

Aplausos sobre Puerto Argentino

No recuerdo bien si aquel 2 de abril de 1982 ya experimentaba cierta fascinación por el calendario siendo un niño en un jardín de infantes, cosa que sí fue sucediendo con el correr de los años. Tampoco recuerdo bien cuál fue el primer 2 de abril que comencé a levantarme emocionado, pero sé que sucedió cuando cursaba la escuela primaria. Y desde entonces, aún hoy, siento ese deseo, de estar allí, desembarcando, recuperando el territorio que nos falta, para ser un país completo, libre, y soberano. Porque cada dos de abril quisiera estar allí, en 1982, aún sabiendo lo que luego sucedería. Aún si me tocara la derrota y ese dolor que conllevan de por vida nuestros veteranos. Aún, si feliz como Giachino, muriese tras haber cumplido el sueño de ver a nuestra bandera flameando victoriosa sobre las Islas.

Pero qué difícil se hace reconocer tantos errores cometidos por quienes comandaron la guerra sin estar a la altura de las circunstancias. Pero qué difícil se hace reconocer a la derrota cuando nuestros soldados estuvieron dispuestos a pelear la gran pelea, y que lo hicieron sin reconocer sus limitaciones. 

La Argentina es una nación que no está en paz, y que no lo estará, hasta que no le devuelvan lo que le fuera usurpado. Que no encontrará la paz en plenitud hasta no recuperar el pleno ejercicio de su soberanía. Porque no existe la libertad cuando se vive con una parte de nuestra patria ocupada militarmente por el enemigo.

Se perdió una batalla. Es cierto. Pero las guerras se pierden cuando ya no existe el deseo de victoria, el deseo de revancha, el deseo de honrar a todos aquellos que murieron sin haber visto que, una vez más, arriaron nuestra bandera en nuestra propia casa. 

Aquí se me hace incomprensible que no se haya recibido a quienes pelearon en el frente como la historia argentina y el honor nacional lo exigía, y que aún lo exige. 

Es por eso que yo tengo un sueño. 

El mismo consiste en que deberían todos nuestros veteranos ser desplegados al mismísimo lugar de arribo desde el frente tras ese 14 de junio tan doloroso. Pero esta vez, ser recibidos como si regresaran del frente en este momento. Como si fuera hoy 1982, porque la causa Malvinas no es del pasado, es presente, y es un sueño del futuro de cualquiera que se digne de llamarse argentino. Además, posee la virtud de arrojar toda mezquindad en el pozo hipócrita de la grieta impuesta por todos aquellos que no aman al país y que generan desunión.

Imagino a la caravana de soldados marchando desde el sur recorriendo toda la patria libre, y tal vez realizando una suerte de vuelta olímpica por todo el país, para que nadie se pierda el privilegio de aplaudir a nuestros gladiadores. Para que entonces sí, finalmente, ocupen la Plaza de Mayo. Esta vez, no la gente que los alentó a la pelea, sino sólo aquellos que arriesgaron la vida por nuestra bandera. Y recién después, en ese balcón de la Casa Rosada, que se prestó para tanto circo y tantas veces, que un abanderado de los veteranos sea quien anuncie unos vivas a la patria, para lo cual, recién entonces, entremezclándose con nuestros modernos granaderos sanmartinianos, se llene la histórica plaza con toda la gente gritando con ellos y todos juntos unos vivas a la patria, Malvinas Argentinas, y un muy fuerte: ¡volveremos, carajo!

Así, entonces, el 14 de junio, debería oírse un aplauso agradecido, emocionado y patriota, que se haga escuchar en todo el país, en todo el mundo, pero muy especialmente, sobre Puerto Argentino, y sobre nuestro faro moral, el cementerio de Darwin. Porque La Argentina no está rendida, porque Malvinas, no se olvida.

2 de abril de 2018

Tin Bojanic