Estoy muy cansada de escuchar que cuando alguien hace mal las cosas le dicen perro, insultándolo. Una vez, en una discusión política de amigos de mi poeta, uno de ellos sentenció que los que gobernaban eran unos perros, y que esa era la causa de los problemas del país. ¡Así que la corrupción es doctrina nuestra! ¡Soberbios erguidos!

         Las leyes, entre los perros, son muy diferentes a las de los hombres. En esencia, partimos de una base igualitaria donde ninguno de nosotros está por encima de nadie. Todos nosotros somos perros y basta con ladrar el nombre con el que nuestros amigos humanos nos han bautizado para establecer una mínima particularidad. No ocultaré que muchos de nosotros desconocen el afecto de una familia humana y deben deambular por las calles. Pero sucede que esto no se debe a nuestra indiferencia; si fuera por nosotros, repartiríamos nuestra comida, pero esa decisión no nos pertenece y si hiciéramos eso terminaríamos todos en la calle (por decisión de los hombres). De todas maneras, jamás escuché a un perro criticar resentido la suerte de otro, ¿usted sí?

         Tampoco vamos a idealizar nuestra comunidad porque en ella, como en todas, hay individuos inadaptados. Algunos no entienden que los dientes son para masticar la comida y no para morder a la gente; aunque lo mismo sucede con los humanos y en peor medida, ya que utilizan sus manos mayor cantidad de veces para matar que para crear. 

         Profundizando en el concepto de gobierno de perros, vamos a suponer que quien gobernase fuera un perro, ¿creen que acumularía la carne que hay en grandes frigoríficos custodiados para su propio provecho, o es más acorde la imagen del perro satisfecho dejando los restos para quien sea, yéndose a dormir la siesta? ¿Creen que habría perros conquistando plazas con muertes impidiendo que otros jugasen en ellas, o es más creíble imaginar jaurías enteras compartiendo los espacios? ¿Creen que mataríamos y viviríamos para el oro, o es más factible que luego de morderlo un instante y encontrar que no tiene sabor a nada, lo abandonáramos para siempre?

         No tengan dudas, los perros tenemos preocupaciones mucho más importantes como lo son el juego, el compartir, el ladrar, el festejar, y la más importante de todas (les aseguro que no la aprendimos de los humanos), agradecer. No hay nada más agradecido que un perro querido. 

Fragmento del libro Secretos de la percepción (2003)

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