“Es importante tener momentos en los que uno se mira al espejo de la vida sentado en un banco de una plaza observando un árbol sin tiempo”.

El muro del encierro

A Osvaldo Verón

Siempre me ha gustado irme,

quizá porque quedarme fue aburrido,

no hubo día que no quise haber amanecido

en otro lugar, donde volviera a despedirme.

Entre el puerto, de tantas cosas origen,

y ese otro que alentamos llamándolo destino,

durante el viaje no los une la idea del camino

sino la recreación de no ser, que la nada y la ausencia esgrimen. 

Estar viajando es quedarse a vivir en el presente

porque al partir nos alejamos de un espacio del pasado

acercándonos al sueño siempre insatisfecho del futuro.

Para disfrutar la vida no debe haber un ¡detente!

cuando por el constante movimiento nos dirá el destino ¡cansado!

las claves de nuestros laberintos una vez ¡derribado el muro!

Libro La voluntad de la esperanza

“La poesía, aún cuando es hija de la angustia y la tristeza, termina siendo un destello de felicidad espiritual”.

“Yo respeto mucho a mis musas y por eso evito despertarlas si no es cuestión de vida o muerte. Pero cuando ellas quieren, vienen, porque siempre se saben bienvenidas”.

Amor contra deseo

Con nuestro sexo y con ese amor

amargamente interrumpidos

despertó mi corazón perdido

llorando un ensayo de adiós y dolor.

Entonces cruzaré vientos en tren

y luego saltaré un amor en avión

para igualar a la distancia de tu conclusión,

pero qué tristes verán mis ojos si no te ven.

No te deseo que así sea

ni es este el amor que yo te quiero

si para mi amar es un flagelo

sin tus ganas saciadas por mi entrega.

Todo mi ser está inspirado

por tu poesía de mujer encarnada;

sos la diosa y dueña de esta vida encantada

y dejándome ir, es dejarme abandonado.

(tren de Dublin a Foxford)

Libro Paisajes Incendiados

La Argentina del Centro o El Eje de La Argentina

Por estos días he leído y escuchado en demasía sobre la intención de separar o de mutilar parte del territorio nacional, por considerarse algunos distintos o superiores al resto de la República. Por más ridículos o absurdos sean quiénes gobiernan el país -de esto estamos muy acostumbrados- no hay cosa más terrible que la desintegración nacional. Especialmente contradictorio es que aquellos que desean esta ruptura: no se dan cuenta que hace mucho tiempo la clase política argentina desearía entregarle más sur a los ingleses y mucho norte a las manos negras que tienen secuestrada a Venezuela. 

            La Ciudad de Buenos Aires inspiró a un territorio mayor que la patria actual defendiéndose de dos invasiones inglesas. ¿No fue en Santa Fe donde se libró la primera batalla por la Independencia? ¿Es que ya no se recuerda que desde Mendoza partieron nuestros granaderos para asegurar nuestra libertad y la de nuestros vecinos?; pero ahora, ¿ni siquiera nos preocupa la libertad de nuestros mismísimos hermanos? Siempre escuché que Córdoba era la Docta, y si lo sigue siendo, ¿por qué no le enseña algo a sus compatriotas haciéndonos volver a las raíces?

Golpeo la mesa antes de decir: ¿qué hacía el Gaucho Rivero, entrerriano, peleando en Malvinas? ¿Por qué bandera pelearon aquellos puntanos en nuestras queridas islas? ¿Qué soldado argentino en 1982 se negó a empuñar el fusil cuando llamó la patria porque no había nacido en Tierra del Fuego! ¡Allí fueron de todo el país a pelear por lo que es de todos: nuestro territorio nacional!

Todos debemos defendernos ante una agresión extranjera, pero también debemos estar en contra de aquellos que quieren destruirnos por medio de la división, sean estos corruptos gobernantes como engreídos separatistas. Cuando el país está en llamas, debemos unirnos aún más para vencer a todos aquellos que no aman ser argentinos. Así es nuestro deber moral, histórico y soñado.

Si San Martín nos viera seguramente gritaría frente a esta locura: ¿cuándo se dejarán de joder estos desagradecidos Dios mío!

Córdoba, España