Jorge Castañeda:He finalizado la escritura de una novela reciente y en ella hay mucha angustia y una especie de sinsabor que luego de terminarla me dejó un gran vacío en el alma, un estripicio prolongado, pero también una especie de alivio que no llega a felicidad por haberla terminado y dejar a los fantasmas encerrados en sus frases de tinta y papel.

Daniel Cichero:Sí, existe una angustia previa que muta en pulsión por escribir cuando uno siente haber encontrado un camino inexplorado.

Víctor Marcelo Clementi: La angustia, en tanto momento negativo y de acuerdo a la  dialéctica marxista, es el motor de la historia, lo que hace superarnos. En cambio la felicidad es la aspiración máxima a la que deberíamos acceder, la finalidad. El Logos Supremo.

Patricia Corrales: Escribir siempre satisface, hay un sentimiento que necesita seguir su curso. Alguna vez dije: cuando estoy triste; escribo, cuando estoy feliz, vivo. Pero no siempre fue así aunque la angustia, la bronca, la impotencia me han hecho escribir interesantes poemas. 

Juan Luis Gallardo:No soy proclive a desnudar mi alma. La felicidad me inspira más que la angustia, que prefiero guardar para mí.

Leonardo Killian:No conozco la felicidad. La angustia y el miedo son la única compañía que no me abandonó jamás.

Christian Agustín Masello: Cuando me embarco en la escritura de algún material determinado, siento la necesidad, y la obligación, de permanecer con la cola pegada en el asiento hasta, por lo menos, haber encauzado el pensamiento en el papel. Si no lo hiciera, si no escuchara a mis voces internas (o, en realidad, si me comportara como si no las oyera), la angustia sería tremenda. Y, una vez que consigo explayar en tinta, lo más fielmente posible, lo que la mente imaginó, soy feliz. A veces es una felicidad efímera, pero felicidad al fin.

   Por ejemplo, cuando trabajo en un libro, puedo permanecer días, e incluso semanas, sin salir de mi casa, despierto hasta muy tarde, con la luna como compañera, hasta que las palabras adecuadas fluyan como uno presiente que lo van a hacer.

Juan Pomponio: Hoy no existe la angustia. No tiene poder. La angustia llega cuando vienen los pensamientos, nos vamos al pasado a sumergirnos en un mundo de pesares antiguos o nos evadimos hacia el futuro a pensar en un mundo ilusorio. No estamos centrados en el tiempo real que es AHORA. Todo lo que existe en éste momento es la tinta y el estado de escritura para responder las preguntas ¿Dónde está la angustia? No tiene poder. Lo pierde por completo. La angustia llega con los pensamientos. Sin mente todo es lo que es.

         La felicidad reside en el simple hecho de SER, me embarga la plenitud de responderte. Soy inmensamente feliz porque no pienso en nada, sólo respondo con sumo placer cada pregunta. La felicidad en la vida es Hoy. Hay una inmensa felicidad por estar vivo y poder respirar, entonces la felicidad aparece en los actos simples de la vida. Se termina la búsqueda. Ya no importa la fama, el dinero, el poder, las realidades ilusorias forjadas por el sistema se caen y aparece lo Otro. Uno ha regresado a casa. No hay más caminos. Sólo lo que tengo. Eso es todo.

Rolando Revagliatti: Latente o manifiesta la angustia es rectora. Y la felicidad. Y el afán por clasificar y describir.

Fernando Sánchez Zinny: Para responder apelo a esa aludida ambivalencia entre poeta y escritor general: la poesía nace siempre de la angustia y a veces ayuda a calmarla. Lo otro tal vez se origine en la satisfacción y posiblemente contribuya a aventarla.

Màxim Serranos Soler: Ambas se presentan casi siempre unidas. Querer escribir y no lograrlo genera angustia. Pero esa misma angustia permite sentir la felicidad de estar vivo y de tener algo que decir aunque duela. Completar un texto produce una cierta felicidad, teñida de angustia porque los resultados a menudo quedan lejos de lo proyectado. Peajes de la imperfección humana. Pero rebajar la dosis de angustia de todo preparado de felicidad no debe de ser imposible.

María Cristina Valle: Angustia y felicidad son excelentes disparadores pero depende de la circunstancia y el tiempo. Hoy escribo a la duda, abstracta y existencial de ser  y no ser.

Tin Bojanic:La angustia de muerte es quizá la herida más avasalladora que me impulsa a escribir. Mis letras intentan calmar a la angustia que me impulsa a escribir, encerrándome en una trampa (o designio) donde la creación no muere jamás porque es inmortal mi melancolía. 

La poesía, aún cuando es hija de la angustia y la tristeza termina siendo un destello de felicidad espiritual.

Libro Máquinas de escribir

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